jueves 18 de septiembre de 2008

El Patoesfínter

No es difícil establecer una relación directa entre la eterna carita de sorpresa del esfínter humano (llámese culo, corrientemente), y su función explícita: expeler caca, (llámese mierda, corrientemente). Es decir, si nos damos a la tarea de imaginar una repartición dramatizada de funciones corporales, podemos comprender la reacción facial del citado punto final del aparato excretor: “entonces, culo, ¿se encuentra el culo?”, “¡Presente señor!, -respondió el culo presto (que no es lo mismo que puesto, aunque a veces también se presta), ok, a vos te va a tocar ammm, emmm, pues, cagar.
-¿Queeee??? , protestó el culo indignado, eso me pasa por llegar tarde. Por supuesto las risitas burlonas de las demás funciones corporales y glándulas aledañas no se hicieron esperar.
Desde entonces el esfínter aun no sale de su asombro, ante tan poco decorosa función, se siente venido a menos, se siente menospreciado, se siente hecho…mierda.
Debido a esto y para subirle la autoestima a nuestro triste personaje (o acaso para no exponerlo a la chanza y humillación pública), el mismo ha sido encapsulado en un estuche de lujo: las nalgas, las cuales, irónicamente y pese a la peligrosa cercanía de su sorprendido vecino, son objeto de reverencia y veneración, es más, elevan a su tímido inquilino a la categoría de estrella internacional o local.
Está de más decir que unas nalgas torneadas, firmes, tonificadas, y merecedoras de cualquier otro adjetivo de esos que revolotean entre los ya tan familiares comerciales de maquinas de ejercicios; tienen la propiedad de conferir a cualquier hija de vecino en una “sex symbol’ de barrio, una legítima beldad de barriada, un tremebundo trofeo de carnoso abolengo. Si añadimos un semi-tortuoso paso por programas de concursos, paginillas de sociales de fin de semana y alguno que otro duelo a balazos entre encendidos pretendientes, tenemos la receta para el estrellato a nivel nacional (aquí cabe señalar que la palabra estrellato, resulta totalmente intercambiable por bombetez, se le ofrecen al lector las dos opciones para su gusto personal, favor utilizarlas responsablemente).
Devolviendo el discurso a ritmo de aleteo de gallina (de esos que nunca levantan vuelo) como el que devuelve un pedo inoportuno a las cavidades intestinales, mediante la milagrosa acción de apretar el esfínter, se me hace imposible no hacer notar la“enhiestez” de un trasero en la plenitud de sus facultades estéticas, mediante la oportuna comparación del mismo con el trasero de un patito. Ahora, el hacer notar la hermosura de un trasero humano mediante la contraposición de un trasero aviar, podría sugerir una alarmante predisposición hacia la zoofilia, pero francamente, me vale un cul*.