viernes 22 de agosto de 2008

Angelito Bovino


La semana pasada me encontraba leyendo La Nación, cuando de repente me asaltó un anuncio de la Sociedad Vegetariana Costarricense, promoviendo este estilo de vida que encuentro la verdad a falta de otra palabra: deleznable o detestable, debido a esto me permití enviarles un pequeño pensamiento motivacional al respecto:

Angelito bovino engendrado en matadero
heme aquí elevando plegaria al Dios de las Bocas,
bendíceme pues, molar e incisivos,
se aprestan ansiosos a rumiar la ofrenda.

Divino derecho de consumir a los vivos
cebando mi plato con sangre de muertos,
¿tubérculo a un lado equilibraconciencias?
bendita suerte de predador domesticado:
ayer vaquita, hoy taquito de alambre.

Venga toda la creación a reverenciar mi cuchillo,
todo aquello vivo dormite en tenedor,
todo porcinito que olvide su nombre:
que todo estertor colme un millón de chifrijos.

Amén.

Y esta fue la respuesta ante tan sinceras y encendidas palabras:

"Se puede sustituir el ángel bovino por un ser humano, si se es caníbal, o por cualquier otro ser que siente el dolor y no quiere morir. No ayuda en nada a reducir el sufrimiento en el mundo, pero si a reverenciar el placer del paladar por encima de la vida de los demás. El gourmet del chifrijo, quizás? O el pachuco insensato? Eso lo dejaremos a la interpretación.
Poesía barata, en fin."

martes 19 de agosto de 2008

Que dolorsch...

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miércoles 13 de agosto de 2008

Que no es lo mismo, pero es igual...



El caso de la niña fea cantora en Beijing, ha destapado y hecho recordar una serie de acontecimientos similares en todo el mundo (recordemos a los famosos "Milli Vanilli" de gringolandia), y por supuesto Costa Rica no es la excepción. La OIAP-Ch se ha dado la tarea de desenmascarar al trovador cartaginés Fabián Coto, quién al parecer utiliza en sus presentaciones tras bastidores a un tipo cuyo nombre aún desconocemos (se rumora que responde al nombre de "Vincent"), de quien tan sólo pudimos obtener una fotografía.


lunes 11 de agosto de 2008

De profesión farandulero...


FARÁNDULA, 'pandilla, cuadrilla, especialmente la de comediantes vagabundos', 1603, 'profesión de farsante', 1732. Probablemente del occitano farandoulo, fem. farandola, 'danza rítmica ejecutada por un grupo numeroso de personas que corren dándose la mano', 'el grupo de personas que danza de esta forma', derivado del verbo farandoulà, que parece ser alteración de brandoulà 'oscilar, tambalearse, contonearse' por influjo de flandriná 'haraganear' 'remolonear'.
DERIV. Farandulero, fin del siglo XVI.
Curiosa manera de evolucionar tienen las palabras en este nuestro hermoso lenguaje, tomemos por ejemplo el vocablo “farándula” o aún en su mucho más molesta derivación: “farandulero”, el cual, desde sus orígenes allá en los tiempos de la Edad Media, hasta nuestros días, el mismo vocablo viene a significar,…
..exactamente lo mismo.
La próxima vez que que me entere sobre el trivial chisme, rompimiento o matrimonio de alguna pareja de “faranduleros” no voy a evitar pensar en lo apropiado de tan dudoso calificativo.

miércoles 6 de agosto de 2008

People say I'm Leysi



La opera de siglo XIX coincidió con la consolidación de una burguesía aristocratizada que requería, entre otras cosas, mostrar su poder de manera simbólica (bla bla bla…). En ella se fusionaban expresiones de diferentes reinos sensoriales matizados con referencias cruzadas y múltiples intertextos. Con el perdón de Tony, debo decir que las viejas burguesas de aquel entonces consumían la ópera como en la actualidad las viejas burguesas consumen las telenovelas. No es fortuito que una pieza como Manon sea, en sentido estricto, el antecedente argumental de las telenovelas actuales. El lenguaje de la posmodernidad, que todo lo santifica y lo mistifica, ha permitido, para goce de las viejas burguesas menos favorecidas en su intelecto, que les sea dado el favor de poder asistir a los estrenos de la opera sin que obste su afición por las telenovelas de moda. Habrá alguna que se incline más por la una que por la otra pero, en definitiva, todo se vale; al menos hasta que las telenovelas colombianas sean consideradas exquisitas piezas clásicas y las gasolineras ruinas románticas. En rigor, las artes visuales e incluso la gastronomía no han corrido suerte muy diferente. El pasado lunes asistí a una exposición donde se ofrecía comida indígena acompañada con birra (Rebeca se quejó de que la chicha fue insuficiente). Desconozco, en todo caso, si tales representaciones y tales licencias serán poderosas a que alguna vez se oficie un convite en el que los comensales degusten mejillones con chicha o pjibayes al pesto con un buen bourdeux (ese no suena del todo mal). Lo cierto es, como recordó Carlitos Fallas recordando a Bloch, que cada hombre (sic) se parece más a su época que a su padre. Por eso me ha resultado particularmente llamativo el asunto de que la sensualísima Leysi Suárez posara desnuda sobre un hermoso caballo con la bandera peruana (nada tiene que ver, por cierto, con el hecho de que a mi padre le guste más Iris Chacón que Leysi Suarez). El episodio, por demás hilarante, me llama la atención debido a múltiples razones, entre las que conviene citar la expresión del Ministro de Defensa peruano al respecto: “no puede ser utilizada (la bandera) como calzón o támpax”. La polémica vedette es reconocida por sus desnudos en el cine nacional y por su presunta relación sentimental con el narcotraficante Óscar Rodríguez, alias el “Turbo”. Según se observa, la mojigatería del gobierno peruano jamás iba a consentir que una chica con semejante currículum (por más que hayan elegido como presidente a un narcotraficante) montara un soberbio rocín, empleando como mantillón, nada más y nada menos que la bandera patria. La tipa, entonces, fue denunciada ante el Ministerio Público por ultraje a los símbolos patrios. Más allá de que Leysi Suárez sea beneficiaria de indiscutibles atributos físicos (vaya si lo es) cabe preguntarse cómo ha de ser tipificada tan extraña contravención: ultraje a los símbolos patrios. Guardando las distancias, me gustaría evocar la imagen de Engéne Delacroix: La libertad guiando al pueblo. Convendría destacar que, al igual que la revista peruana D´Frándula, aquella obra escandalizó los pulcros salones las elites. Me gustaría, así mismo, dar una concesión irreductible al análogo peruano: la mayoría de los hombres heterosexuales de América Latina preferiríamos pasar la noche con Leysi Suárez que con la Libertad de Delacroix. Quizás porque, dichosamente, nos parecemos más a nuestra época que a nuestros padres.