viernes 2 de enero de 2009

Escrito un 31 de diciembre

Las culminaciones de ciclos, por más arbitrarias que ellas sean y por más que en el fondo siempre nos quede la sospecha de que algo permanece quieto, a menudo propenden a la reflexión sesuda. En el caso de quienes somos menos sesudos que otros, digamos entonces, que versa sobre meros inventarios con pretensiones reflexivas. A decir verdad me gustan los inventarios, casi de un modo tan fervorosamente compulsivo como cierto personaje de Cabrera Infante. Partiendo de tales aficiones quisiera empezar enumerando, precozmente, si se quiere, algunos asuntos concernientes a este año que acaba. Presenciamos nuevamente una muestra de brutalidad y despotismo, perpetrada, ni más ni menos, por uno de los “estados” más canallas que ha conocido la edad moderna. Me refiero, como es de suponer, a la agresión despiadada del estado israelí contra civiles palestinos. Y me gustaría hacerme a los guantes con aquellos pretendidos nihilistas (y demás comunidades de blogueros o cínicos confesos) tan devotos, como son, al vale picha y a hacerse un cascarón con el mundo, únicamente, porque alguna vez no supieron cómo comparecer ante las piernas de una muchacha o qué sé yo. Si bien soy partidario de no tener partido, en materias de masacres, mi decepción no ha llegado al punto de convertirme en un sujeto del todo desalmado; aunque debo confesar que voy bien encaminado. No admito consignas gastadas ni internacionalismos espurios pero tampoco admito un vale picha disfrazado de júbilo decembrino. Naturalmente mi preocupación tiene un tinte muy matutino y estoy seguro de que con la noche llega el vino y con el vino el olvido y a modo de postre, una sonora carcajada y una que otra lágrima puede asomar hipócritamente mi noche de fin de año. Y los palestinos seguirán siendo asesinados por tandas de mil y las tías regresarán a su hogar y los coordinadores del movimiento social de mi país brindarán, revolucionariamente, con caique y Pilsen. Yo, seudo-aristócrata-piso ´e tierra, estaré perdido en un año nuevo y seguiré sin saber cómo putas se descarga un antivirus para mi computadora. Pero hay más. No sé si deba imputarle a Obama el hacerse el chancho y permanecer, muy a lo chancho chingo (nótese la versatilidad de la palabra chancho en el léxico popular costarricense), en una residencia lujosa de Hawai. Por supuesto, no creo que se deba censurar, a priori, al simpático negro, cuyas merecidas vacaciones lo alejan de emitir acuciantes condenas contra la política de Israel. No tendría sentido cargar de fascinación ética una política que apenas viene. No vaya a ser que de nuevo se estremezcan los andamios de Wall Street y no vaya a ser que el negro, por ponerse a defender esa vaina de los derechos humanos de los palestinos, termine por asustar a los inversionistas que verían en él, atisbos medio comunistas o medio chavistas. Lo cierto es que la cosa da para pensar y para rabiar. Pero también da para hacer berrinche esa otra constelación pomposa de descalabros. Mi país… Con su Chinamo y sus noticieros y los toros a la tica y la subrayada incompetencia de personajes tan nefastos como Edgar Silva o la anoréxica barata de Maricruz Leiva. Nuestro presidente y su pléyade de palomas pacifistas no se atreverán jamás a emitir un pronunciamiento contra la agresión israelí. Que va… Conviene destacar, como ya otros lo han señalado, que terrorismo es un término más normativo que descriptivo y nuestro eximio premio nobel de la paz lo sabe bien. Por eso es más sencillo y mucho más conveniente, desde el punto de vista político, entablar una lucha contra los viejillos que tienen en su haber un bala U (22 long) o una escopetilla remington y anunciarse en la tele en medio de una sesión de destrucción masiva de armas de caza. De ese modo ningún empresario ni ningún banquero se ofendería ante la posible resurrección del holocausto. Pero si nuestro premio nobel de la paz tomara su agenda de luxe, en la que se encuentran, debidamente anotados, todos los números telefónicos de los demás premios nobel de la paz del mundo y les solicitara hacer un voto de renovación conjunto y solicitar una intervención del Consejo de Seguridad en Gaza…. Ahí la cosa si pintaría distinta. Habría que ver si las compañías telefónicas de Guatemala (mejores que el ICE, naturalmente) permiten la comunicación con la Rigoberta Menchú, quien, de seguro, se encuentra en las selva del Quiché celebrando el año nuevo en el más frugal ascetismo. Habría que ver si Kissinger o Shimon Peres o Carter atenderán el llamado de su homólogo en tan inoportunas circunstancias. Mayores réditos políticos generaría, en tal caso, emprender acciones para pacificar nuestra relación con la naturaleza. Aunque las playas sean un descalabro y Escazú esté anegado de aguas negras muy refinadas y burguesas y las hijue putas lapas verdes se estén yendo al carajo. Mi presunto inventario, según se observa, ha dado vueltas en un mismo tema. En tanto no decida quedarme dormido en los dulces brazos suicidas del confort, podré seguir siendo de esos demagogos que pregonan lugares comunes en la red. Y podré seguir diciendo que, a veces, es mejor emborracharse y olvidarse de proyectos civilizatorios y romanticismos y dar por acabado este asunto y buscar la calidez que no puede dar el mundo en medio de unas piernas claras. No obstante, me resisto a vestirme con esa careta de falso nihilismo y vérmelas con un cinismo medio sintético que más raya en el patetismo que en el humor. ¡Salud 2008!