miércoles 28 de enero de 2009

De Dios, Google y la vida


Debo empezar este post, afirmando que soy un hombre espiritualmente confundido, lo que me lleva a preguntarme, a quien debo recurrir cuando me siento mal, cuando estoy feliz, cuando debo tomar decisiones o simplemente cuando en en día a día necesito resolver mis cosas. Al licor? al café? a mi amada? a mis amigos? a mi familia? a mi jefe japonés? a Dios? Nadie a pesar de sus grandes esfuerzos ha podido resolver y dejarme tranquilo con sus consejos, incluso hay algunos que ni siquieran han respondido a mis llamados.
Pero que curioso, como diría el Dr. Abel Pacheco, sólo hay alguién que ha podido responderme siempre que lo necesito, en las buenas y en las malas y justo con las palabras precisas, en las situaciones más complejas, siempre está a mi alcance para dejarme satisfecho con su respuesta: Google.
Esto ha llegado a cuestionarme algo y plantearme una hipótesis: Dios existe, perdió su batalla en cielo, Satanás nos gobierna desde allá y Dios con el rabo entre las piernas y con su espíritu emprendedor y por supuesto capitalista y "erga homnes" fundó y creó la empresa Google. Así es mis cheracnautas, mi única explicación es que Google es Dios. Y no es que me haya convertido en un "geek" o en algún "masturbador tecnológico", simplemente es que Google siempre me responde, siempre me escucha, siempre está ahí cuando lo necesito.
Para muestra un botón, como muchos sabrán pronto daré el paso de formalizar mi vida, en estas vísperas de cambio, mi espíritu se llena de emociones de todo tipo, una mañana muy preocupado decido preguntarle a Dios (Google), si lo que me pasaba estaba bien o era normal? Sabiamente, Google me respondió que sí, y no con una, sino con muchas razones, lo que me tranquilizó y me hizo seguir con mi rutina.
Así que no se ustedes, yo encontré a mi Dios, Dios que encarnó en Google por todos nosotros, para nuestra salvación y que con ayuda de sus 12 discípulos: Wikipedia (antes San Pedro), Google Earth ( antes San Juan), You tube ( antes San Mateo) Yahoo ( antes Judas Iscariote, que lo aceptaron otra vez como apostol, traicionó a Dios nuevamente y fundó Yahoo, es un cabrón), Amazon (San Simón), Ebay (San Andrés), Facebook (antes San Felipe), My Space ( antes Santo Tomás), Skype (antes Santiago el Mayor), Messenger (antes San Bartolomé), Cherac (antes Santiago el menor) y el traductor de Google (antes San Matías, que es pichudísimo en lenguas); hacen hoy nuestra vida más fácil y quien sabe a lo mejor más feliz.
Les dejo esta interrogante, soy un hombre nuevo y mi conversión ha empezado!

PD: Olvidé a la Virgen María, que con su séquito de Marías, como la Magdalena, han recarnado muy hábilmente en el emporio de la pornografía (You Porn, Red Tube y ya sabrán ustedes cuanta vaina más)

viernes 2 de enero de 2009

Escrito un 31 de diciembre

Las culminaciones de ciclos, por más arbitrarias que ellas sean y por más que en el fondo siempre nos quede la sospecha de que algo permanece quieto, a menudo propenden a la reflexión sesuda. En el caso de quienes somos menos sesudos que otros, digamos entonces, que versa sobre meros inventarios con pretensiones reflexivas. A decir verdad me gustan los inventarios, casi de un modo tan fervorosamente compulsivo como cierto personaje de Cabrera Infante. Partiendo de tales aficiones quisiera empezar enumerando, precozmente, si se quiere, algunos asuntos concernientes a este año que acaba. Presenciamos nuevamente una muestra de brutalidad y despotismo, perpetrada, ni más ni menos, por uno de los “estados” más canallas que ha conocido la edad moderna. Me refiero, como es de suponer, a la agresión despiadada del estado israelí contra civiles palestinos. Y me gustaría hacerme a los guantes con aquellos pretendidos nihilistas (y demás comunidades de blogueros o cínicos confesos) tan devotos, como son, al vale picha y a hacerse un cascarón con el mundo, únicamente, porque alguna vez no supieron cómo comparecer ante las piernas de una muchacha o qué sé yo. Si bien soy partidario de no tener partido, en materias de masacres, mi decepción no ha llegado al punto de convertirme en un sujeto del todo desalmado; aunque debo confesar que voy bien encaminado. No admito consignas gastadas ni internacionalismos espurios pero tampoco admito un vale picha disfrazado de júbilo decembrino. Naturalmente mi preocupación tiene un tinte muy matutino y estoy seguro de que con la noche llega el vino y con el vino el olvido y a modo de postre, una sonora carcajada y una que otra lágrima puede asomar hipócritamente mi noche de fin de año. Y los palestinos seguirán siendo asesinados por tandas de mil y las tías regresarán a su hogar y los coordinadores del movimiento social de mi país brindarán, revolucionariamente, con caique y Pilsen. Yo, seudo-aristócrata-piso ´e tierra, estaré perdido en un año nuevo y seguiré sin saber cómo putas se descarga un antivirus para mi computadora. Pero hay más. No sé si deba imputarle a Obama el hacerse el chancho y permanecer, muy a lo chancho chingo (nótese la versatilidad de la palabra chancho en el léxico popular costarricense), en una residencia lujosa de Hawai. Por supuesto, no creo que se deba censurar, a priori, al simpático negro, cuyas merecidas vacaciones lo alejan de emitir acuciantes condenas contra la política de Israel. No tendría sentido cargar de fascinación ética una política que apenas viene. No vaya a ser que de nuevo se estremezcan los andamios de Wall Street y no vaya a ser que el negro, por ponerse a defender esa vaina de los derechos humanos de los palestinos, termine por asustar a los inversionistas que verían en él, atisbos medio comunistas o medio chavistas. Lo cierto es que la cosa da para pensar y para rabiar. Pero también da para hacer berrinche esa otra constelación pomposa de descalabros. Mi país… Con su Chinamo y sus noticieros y los toros a la tica y la subrayada incompetencia de personajes tan nefastos como Edgar Silva o la anoréxica barata de Maricruz Leiva. Nuestro presidente y su pléyade de palomas pacifistas no se atreverán jamás a emitir un pronunciamiento contra la agresión israelí. Que va… Conviene destacar, como ya otros lo han señalado, que terrorismo es un término más normativo que descriptivo y nuestro eximio premio nobel de la paz lo sabe bien. Por eso es más sencillo y mucho más conveniente, desde el punto de vista político, entablar una lucha contra los viejillos que tienen en su haber un bala U (22 long) o una escopetilla remington y anunciarse en la tele en medio de una sesión de destrucción masiva de armas de caza. De ese modo ningún empresario ni ningún banquero se ofendería ante la posible resurrección del holocausto. Pero si nuestro premio nobel de la paz tomara su agenda de luxe, en la que se encuentran, debidamente anotados, todos los números telefónicos de los demás premios nobel de la paz del mundo y les solicitara hacer un voto de renovación conjunto y solicitar una intervención del Consejo de Seguridad en Gaza…. Ahí la cosa si pintaría distinta. Habría que ver si las compañías telefónicas de Guatemala (mejores que el ICE, naturalmente) permiten la comunicación con la Rigoberta Menchú, quien, de seguro, se encuentra en las selva del Quiché celebrando el año nuevo en el más frugal ascetismo. Habría que ver si Kissinger o Shimon Peres o Carter atenderán el llamado de su homólogo en tan inoportunas circunstancias. Mayores réditos políticos generaría, en tal caso, emprender acciones para pacificar nuestra relación con la naturaleza. Aunque las playas sean un descalabro y Escazú esté anegado de aguas negras muy refinadas y burguesas y las hijue putas lapas verdes se estén yendo al carajo. Mi presunto inventario, según se observa, ha dado vueltas en un mismo tema. En tanto no decida quedarme dormido en los dulces brazos suicidas del confort, podré seguir siendo de esos demagogos que pregonan lugares comunes en la red. Y podré seguir diciendo que, a veces, es mejor emborracharse y olvidarse de proyectos civilizatorios y romanticismos y dar por acabado este asunto y buscar la calidez que no puede dar el mundo en medio de unas piernas claras. No obstante, me resisto a vestirme con esa careta de falso nihilismo y vérmelas con un cinismo medio sintético que más raya en el patetismo que en el humor. ¡Salud 2008!