POEMA LEÍDO EN LA BODA DE ANDRÉ SALMON
G. Apollinaire
Al ver banderas esta mañana no me dije
He aquí la rica indumentaria de los pobres
Ni el pudor democrático quiere ocultarme su dolor
Ni la preciada libertad hace que se imite ahora
A las hojas oh libertad vegetal oh única libertad terrestre
Ni las casas arden porque nos marcharemos para no volver
Ni esas manos agitadas trabajarán mañana para todos nosotros
Ni siquiera se ha colgado a los que no sabían gozar de la vida
Ni siquiera se renueva el mundo retomando la Bastilla
Sé que sólo lo renuevan los que están fundados en la poesía
Se ha engalanado París porque mi amigo André Salmon se casa
Nos conocimos en una bodega maldita
En tiempos de nuestra juventud
Fumando los dos y mal vestidos esperando el alba
Apasionados apasionados los dos por las mismas palabras cuyo sentido habrá que cambiar
Engañados engañados pobrecitos sin saber aún reír
La mesa y los dos vasos se transformaron en un moribundo que nos echó la última mirada de Orfeo
Los vasos cayeron se rompieron
Y aprendimos a reír
Partimos entonces peregrinos de la perdición
Cruzando calles cruzando comarcas cruzando la razón
Lo volví a ver a orillas del río donde flotaba Ofelia
Blanca flota aún entre los nenúfares
Él iba en medio de pálidos Hamlets
Tocando con su flauta los aires de la locura
Lo volví a ver junto a un mujik moribundo contando las bienaventuranzas
Admirando la nieve semejante a las mujeres desnudas
Volví a verle haciendo esto o aquello en honor de las mismas palabras
Que cambian el rostro de los niños y digo todas estas cosas
Recuerdo y Porvenir porque mi amigo André Salmon se casa
Regocijémonos no porque nuestra amistad ha sido el río que nos fertilizó
Terrenos ribereños cuya abundancia es el alimento que todos esperan
Ni porque nuestras copas nos echan una vez más la mirada de Orfeo moribundo
Ni porque tanto hemos crecido que muchos podrían confundir nuestros ojos y las estrellas
Ni porque las banderas ondean en las ventanas de los ciudadanos que están contentos
desde hace cien años de tener la vida y cosas menudas para defender
Ni porque fundados en la poesía tengamos derechos sobre las palabras que forman y deshacen el Universo
Ni porque podemos llorar sin temor al ridículo y sabemos reír
Ni porque fumamos y bebemos como antaño
Regocijémonos porque el director del fuego y de los poetas
El amor que como la luz llena
Todo el espacio sólido entre las estrellas y los planetas
El amor quiere que hoy mi amigo André Salmon se case.
domingo 30 de agosto de 2009
Para Ale y Kasia (porque el amor quiso que se casara mi amigo Alejandro)
domingo 23 de agosto de 2009
Semblanzas

1.
Aún había World Trade Center y quizás por eso también había algo de ciudad gótica. No era precisamente la sombra de batman ni un rescoldo nominal de Washington Irving. Acaso la pesadilla de Jimmy Herf en Manhattan Transfer (como dijo Mike Davis) y un gigantesco rascacielos que se te viene encima con todo y nubes. Los andamios y esa ciudad en la que los carteristas y los yonquis y los puertorriqueños salseros sustituyen las constelaciones de los marineros por un inmenso coctel de rótulos y fachadas anónimas. Los 90 fue la década del miedo y a muchos de los casi jóvenes de 30 nos tocó crecer en tal encrucijada de perversiones. Ahí estaba Giuliani en un piso número veintipico … “El búnker era el emblema de una administración que había cerrado inconstitucionalmente el City Hall Park [Parque del Ayuntamiento] a todo lo que no fueran espectáculos públicos autorizados por la alcaldía, la misma que había bloqueado varios puentes para acabar con una protesta de taxistas, que había colocado barreras en los pasos de peatones del centro de la ciudad para regular el tránsito de peatones y que, la noche más fría del año, había sacado a los sin techo a empujones de las camas guarecidas para hacer que se cumplieran las viejas órdenes de la magistratura contra las infracciones de la prohibición de llevar latas de cerveza abiertas en público” Ese era Giuliani en palabras de Wayne Barret. No estaría de más añadir que, por aquel entonces, un visionario ingeniero de palmares cursaba el Programa para Alcaldes de América Latina y El Caribe de la Universidad de Harvard. La Manhattan que había hecho estremecer a Lorca estaba convertida en una disneylandia conceptual. Era un experimento. El capital se estaba reconfigurando luego de ese vacío, digamos, primordial. Según Mike Davis “los medios de comunicación consideraban la intimidación fascista hacia los limpiadores de parabrisas, los mendigos, taxistas, vendedores callejeros y destinatarios de la asistencia social como el pequeño precio que había que pagar por los triunfos de haberse traído Disney (el imprimátur máximo de la seguridad tipo urbanización) a Times Square y haber vuelto a atraer el turismo a Nueva York”. Los estremecimientos son como eso que nos queda luego de que un tren se va. Si duda, fue también estremecedor y conmovedor el espectáculo que presenciaba Lorca en el año 29 cuando de las ventanas de los rascacielos caían burgueses suicidas llenos de anillos. Pero el robusto ingeniero de provincia también halló conmovedor el programa de Harvard. Y, quizás, por esa razón tenía la certeza de que la pequeña suiza centroamericana le reservaba el destino de su dichosa capital. La vanidad y las emociones son, muchas veces, más escrupulosas que los currículos académicos y las influencias políticas. Mucho menos estúpido que su hermano, y mucho más afín a la praxis política que a la verborrea new age, así fue como Johnny Araya hizo su carrera en el ejecutivo municipal. Y luego quedaría enquistado en la alcaldía a despecho de traiciones políticas. Pero Johnny Araya es de un ala distinta a los Arias. Los cismáticos mediados de los ochenta impusieron una grieta para que derrochara votos en los topes de palmares. Muy a pesar suyo la suerte estaba echada por las cámaras que le apostaron a Laurita Chinchilla. Y el aire se ponía enaguas y las marionetas bailaban.
